jueves, 27 de febrero de 2014

PD: PARA TI

Heroína, esa es la palabra adecuada. Pero no se vayan ustedes a pensar en la otra acepción que se la asigna; en aquella que hace referencia a esa droga con propiedades sedantes y narcóticas. No. Y si lo hacen estarían equivocados, porque me refiero a ‘aquella admirada por sus hazañas y virtudes’. De esas últimas quedan pocas, por lo que su valor se multiplica; y yo tengo la inmensa suerte de tener conmigo a una de ellas.
Uno, dos, tres millones de rubios cabellos caen por ese perfecto dorso cubierto por una moderna camisa vaquera. Simpáticos nudos y enredos provocados por el veloz paso del cepillo debido a las prisas de cada mañana antes de ir al instituto. No hay tiempo. Lentillas a toda carrera, chaqueta, bufanda y pista.
‘Frío. Los pelos se me erizan nada más abrir la puerta de casa. Meto la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y encuentro las llaves entre un montón de bolsas con gominolas. Las saco con sumo cuidado, intentando no tirar ninguno de los demás ‘chismes’ que entorpecen el camino de mi gélida mano; y sorprendentemente, lo consigo. Una vez entre mis dedos, la introduzco por la cerradura: dos vueltas hacia la derecha y de nuevo al bolso.
Camino deprisa, venciendo la inmensa fuerza que ejerce la mochila sobre mi espalda, visualizando los esquemas de Bio que tendré que plasmar sobre un folio en blanco en menos de media hora. Las ideas se mezclan en mi cabeza como consecuencia de las innumerables horas de estudio que he acumulado durante esta semana. Todo sea por mantener el sobresaliente que tanto esfuerzo me ha costado. Y pensar que en unas horas seré un poquito más libre… ¡qué ganas de acabar con los exámenes!
Cruzo el paso de cebra inmersa en mis pensamientos, sin darme cuenta de que un coche se aproxima a mí por la derecha. Si no llega a ser por el ‘cacho pan’ que me esperaba al otro lado con los apuntes en las manos, lo más probable es que hubiese pasado a mejor vida. “¡Claudia, despierta!”, gritó lo más fuerte que pudo. Y así lo hice: desperté y eché a correr como si me fuera la vida en ello,(y nunca mejor dicho), al encuentro de la buenaza de Ainhoa, que nada más tenerme a su lado me agarró con tanta fuerza las manos que la sangre dejó de circular por mis venas unos instantes.
Cinco minutos más tarde, me encontraba colocando el abrigo en la silla en la que me sentaría segundos después a hacer aquel ‘maravilloso examen de biología; mi apreciadísima biología’.
Perfección. Si hay persona en el mundo que merece ser asociada a esta palabra, es ella. Y sí, estoy convencida de que hay gente que intenta engañarla, hacerla cambiar, hundirla… pero todo eso son consecuencias de la pura envidia que los corroe por dentro al verla y darse cuenta de que es inmejorable. Los impulsos nerviosos circulan por sus cuerpos de forma diferente desde que sus retinas captaron su figura. No obstante y por difícil que parezca, lo veo normal. Lo veo normal porque sé que cuando los receptores visuales percibieron la intensidad del azul de sus ojos, se volvieron locos y empezaron a emitir respuestas sin sentido alguno. Lo veo normal porque estoy segura de que al escuchar esa melodiosa voz que salía chispeante de entre esos enrojecidos labios, maldijeron a sus antepasados por el hecho de que no se la hubiesen dejado en herencia. Porque ese dulce rostro y esa simpatía que desprende, son los que hacen hacen que te derritas y pierdas la razón… Pero se lo repetiré una y otra vez: no hagas caso de esos, únicamente te envidian.
El folio cae suavemente sobre las manos de la profesora y cientos de letras lo hacen con él. Recoge los bolis, mete todo en la mochila y sale de clase asimilando la situación: ¡Es libre! ¡Por fin!
Recorre el pasillo lo más rápido que puede y baja las escaleras sin perder un segundo de su valioso tiempo. En la calle, sus amigas le dan un irónico aplauso celebrando que media hora más tarde, Claudia había terminado el examen. Es “especial”, todos lo saben.
Se ponen en marcha y  fijan la ‘hora de quedada’ de esa esperadísima tarde.  Una vez llegan al final de la calle, se despiden cariñosamente como de costumbre.
Cascos y música a tope; vibraciones de distintas amplitudes recorren los conductos auditivos de esta rubia de película. Cruza la calle y ve, a tan solo cien metros, la puerta de entrada de su casa. Echa a correr pensando que cuanto antes llegue, antes podrá tumbarse encima de la colorida funda nórdica que recubre su cama en todos y cada uno de los meses estivales. Llama al timbre por el simple hecho de no tener que hacer ese “enorme” esfuerzo de sacar las llaves, y espera impaciente a que su madre le abra la puerta. Quince segundos después, está dentro. Da un beso a su madre en la mejilla izquierda, se descalza, y sube a todo correr hasta su: la está esperando y es consciente de ello.
Se tumba en la cama y mete sus cálidas manos bajo la frígida almohada. Justo entonces, al realizar aquel simple movimiento, da con algo con lo que no contaba. Sus dedos interceptan un sobre y lo sacan con sumo cuidado. Se incorpora, se sienta, estira las piernas y lo abre impaciente por ver que se encuentra en el interior.
“VAjo LOS CoLUmPios, rESiDE EL MAÑÁnA QUE CREES QUErer.”
‘No lo entiendo. ¿Qué conclusión se supone que tengo qué sacar? Mayúsculas y minúsculas entremezcladas, faltas ortográficas de esas que hacen daño a la vista… Nada tiene sentido, ¡no entiendo nada!’
El tiempo pasaba, segundo tras segundo, y Claudia estaba a punto de perder la cordura cuando de repente, todo cobró sentido: la clave está en las mayúsculas. ¡Es un juego de palabras! ¡¿Cómo no ha podido darse cuenta antes?! Al reordenar las mayúsculas de forma correcta, una frase que hace saltar chispas de emoción en los ojos de Claudia se deja entrever:

‘CLAU, VALES MÁS DE LO QUE CREES PEQUEÑA.’
Las lágrimas comenzaron a brotar en aquel momento, por lo que dio la vuelta a aquel sobre de papel maché con el único propósito de no emborronar aquel ‘valioso’ detalle de una persona totalmente desconocida por el momento. Entonces, se percató de lo que los nervios la impidieron ver anteriormente, la breve reseña escrita en la parte inferior izquierda del mismo. En ella, con una cursiva escrita con minucioso cuidado, ponía: ‘PD: PARA TI’
Lo que espero que tenga claro la ojazos ésta, es que esa frase será simple, sencilla… pero totalmente sincera
He dicho que no me la cambien. Que la quiero así, con sus mínimas imperfecciones, esas que la hacen única e inmejorable. Y que doy gracias día a día por tenerla a mi lado, por el esfuerzo que hizo al abrirme hueco en un grupo prácticamente formado teniendo en cuenta mi forma de ser, por escucharme, aguantarme y estar siempre ahí, aunque en ocasiones esté peor que yo.Y porque como se suele decir, las palabras se las lleva el viento, y aunque cosas de estas cuesta decirlas, creo que es justo que lo sepas; que sepas que eres la mejor, pequeña.

PD: PARA TI

lunes, 3 de febrero de 2014

Genios de tamaño reducido

GENIOS DE TAMAÑO REDUCIDO
‘Sepo’. Sí, esa es la palabra que ellos utilizan para referirse a la primera persona de presente de indicativo de un verbo de la segunda conjugación: el verbo ser. Ser algo o ser alguien; pero ser. Usan la lógica; no piensan en el “qué dirán” de la gente. Únicamente siguen las reglas, no hacen excepciones. Y es que claro, les enseñan a no marginar a nadie, y un verbo irregular como este lo está. Por eso ellos intentan no dejarle de lado, que sea uno más.

Sentimientos, ilusiones, sueños, emociones… todos ellos serán rotos a medida que crezcan; un adulto se encargará de destruirlos y hacerlos pedazos. Como un jarrón con coloridas petunias que cae desde un balcón de un cuarto piso en un edificio de la ciudad. Los pétalos se van desprendiendo al entrar en contacto con el aire, a una velocidad vertiginosa; y una vez llegue al suelo, la acera se llenará de tierra entre la que encontrarás pétalos rotos y algún que otro trozo de cerámica de tamaño sumamente irregular.
Viven con la verdad por delante; con una inocencia que hace que te derritas al oírles, al ver sus ocurrencias, esas salidas tan sorprendentes… Pueden ser miopes, hipermétropes, o sencillamente no tener desarrollado el fabuloso sentido de la vista; pero da igual, ellos van a seguir siéndote sinceros, y aunque no puedan ver, sí pueden sentir. Y lo hacen por medio de un corazón figurado, de un rojo vivo o rosa fucsia, de esos que te enseñan a dibujar y el cual piensas que ocupa la parte superior izquierda del interior de tu pecho. Un corazón, que si te mandan distribuir, lo harías en porciones simétricas, y pintarías cada una de un color, de forma que estos simbolizarían los sentimientos. En la parte verde, situarías esperanza; en la roja, pasión; en la azul, tranquilidad; en la amarilla, optimismo; en la naranja, entusiasmo; en la rosa alegría… Y en una recóndita porción se encontraría el negro, reflejando el dolor, el odio, el sufrimiento, la rabia, la impotencia y la ira propios de un ser humano.
Eso es la Infancia. Y creo que razón no me faltaría al decir que es la etapa más bonita de la vida; que no disfrutarla debería ser un delito gravemente penalizado, y las personas que impiden su disfrute deberían ser denunciadas: ellas también tuvieron niñez, aunque por desgracia no lo recuerdan y por eso mismo no la valoran.
 En esa época las guerras se llevan a cabo mediante migas de pan; la máxima duración de un enfado es de un día, todo se solucionará en el recreo del día siguiente tras haber compartido galletas de chocolate. El lugar más alto del mundo, se encuentra en los hombros de tu padre, el mismo hombre que te bajará la luna en el momento en que se la pidas. Crees que las vitaminas se marchan corriendo una tras otra al aumentar el tiempo que el zumo de naranja (el cual no vas a tomar por miedo a atragantarte con los ‘grumos’) lleva sobre la mesa. Y también piensas que las personas están en el cielo porque son azafatas o pilotos de avión, esa fue su elección al elegir su carrera una vez finalizaron el bachiller: estudiar aeronáutica.
 Sin embargo, durante la infancia también pasan por tu cabeza cosas totalmente ciertas que irás dando por erróneas a medida que crezcas. Cosas como que tu mamá es la mejor mujer del mundo, aquella que daría su vida por ti; o que los hermanos son un regalo de la vida, sangre de tu misma sangre; que al ver a otro niño sabes instintivamente si en un futuro lo podrás considerar amigo o más bien enemigo.
Y recuerda, que en este tramo de tu camino ocurren las cosas más importantes, aquellas que te ayudarán a poder continuar andando con éxito, esas que reducirán las posibilidades de que tropieces, aunque el caer sea algo indispensable para aprender a levantarte y no repetir aquel fallo. En esta etapa ves por primera vez la luz y lloras, porque sabes que no va a ser fácil vivir en este mundo de locos; te salen los dientes, los mismos que se llevará el Ratoncito Pérez en el momento en el que se te caigan, porque por si no lo recuerdas, son de leche. En este trayecto balbuceas hasta conseguir formar palabras con sentido, y posteriormente oraciones coherentes; das tus primeros pasos y aprenderás a andar de la mano de tus seres queridos.
Una persona me dijo que buscase genios en mi habitación, y cómo pista me dio el lugar en el que se encontraban: el baúl de mis recuerdos.
En estos momentos te estarás preguntando qué es aquello que guardo allí y te comprendo, porque cuando me dijeron que buscase allí, mi cara de perplejidad superó con creces la tuya ya que allí se encuentran las fotos de mi niñez. Y sí, debo reconocer que en un principio no entendía nada, pero tras darle mil y una vueltas encontré lo que buscaba: niños; los mismos que protagonizaban todas y cada una de las escenas que aparecían en las fotografías. Son ellos los genios que dominarán el mundo, por lo que déjalos desarrollar las capacidades que los ayudarán a construir uno mejor que el que nosotros les dejaremos en herencia. No te engañes, abre los ojos y terminarás viendo que tengo razón: son ellos los genios de tamaño reducido de los que hablo.