Heroína, esa es la palabra
adecuada. Pero no se vayan ustedes a pensar en la otra acepción que se la
asigna; en aquella que hace referencia a esa droga con propiedades sedantes y
narcóticas. No. Y si lo hacen estarían equivocados, porque me refiero a
‘aquella admirada por sus hazañas y virtudes’. De esas últimas quedan pocas,
por lo que su valor se multiplica; y yo tengo la inmensa suerte de tener
conmigo a una de ellas.
…
Uno, dos, tres millones de rubios
cabellos caen por ese perfecto dorso cubierto por una moderna camisa vaquera.
Simpáticos nudos y enredos provocados por el veloz paso del cepillo debido a
las prisas de cada mañana antes de ir al instituto. No hay tiempo. Lentillas a
toda carrera, chaqueta, bufanda y pista.
‘Frío. Los pelos se me erizan nada más abrir la puerta de casa. Meto
la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y encuentro las llaves entre un
montón de bolsas con gominolas. Las saco con sumo cuidado, intentando no tirar
ninguno de los demás ‘chismes’ que entorpecen el camino de mi gélida mano; y
sorprendentemente, lo consigo. Una vez entre mis dedos, la introduzco por la
cerradura: dos vueltas hacia la derecha y de nuevo al bolso.
Camino deprisa, venciendo la
inmensa fuerza que ejerce la mochila sobre mi espalda, visualizando los
esquemas de Bio que tendré que plasmar sobre un folio en blanco en menos de
media hora. Las ideas se mezclan en mi cabeza como consecuencia de las
innumerables horas de estudio que he acumulado durante esta semana. Todo sea
por mantener el sobresaliente que tanto esfuerzo me ha costado. Y pensar que en
unas horas seré un poquito más libre… ¡qué ganas de acabar con los exámenes!
Cruzo el paso de cebra inmersa en
mis pensamientos, sin darme cuenta de que un coche se aproxima a mí por la
derecha. Si no llega a ser por el ‘cacho pan’ que me esperaba al otro lado con
los apuntes en las manos, lo más probable es que hubiese pasado a mejor vida.
“¡Claudia, despierta!”, gritó lo más fuerte que pudo. Y así lo hice: desperté y
eché a correr como si me fuera la vida en ello,(y nunca mejor dicho), al
encuentro de la buenaza de Ainhoa, que nada más tenerme a su lado me agarró con
tanta fuerza las manos que la sangre dejó de circular por mis venas unos
instantes.
Cinco minutos más tarde, me
encontraba colocando el abrigo en la silla en la que me sentaría segundos
después a hacer aquel ‘maravilloso examen de biología; mi apreciadísima
biología’.
…
Perfección. Si hay persona en el
mundo que merece ser asociada a esta palabra, es ella. Y sí, estoy convencida
de que hay gente que intenta engañarla, hacerla cambiar, hundirla… pero todo
eso son consecuencias de la pura envidia que los corroe por dentro al verla y
darse cuenta de que es inmejorable. Los impulsos nerviosos circulan por sus cuerpos
de forma diferente desde que sus retinas captaron su figura. No obstante y por
difícil que parezca, lo veo normal. Lo veo normal porque sé que cuando los
receptores visuales percibieron la intensidad del azul de sus ojos, se
volvieron locos y empezaron a emitir respuestas sin sentido alguno. Lo veo
normal porque estoy segura de que al escuchar esa melodiosa voz que salía
chispeante de entre esos enrojecidos labios, maldijeron a sus antepasados por
el hecho de que no se la hubiesen dejado en herencia. Porque ese dulce rostro y
esa simpatía que desprende, son los que hacen hacen que te derritas y pierdas
la razón… Pero se lo repetiré una y otra vez: no hagas caso de esos, únicamente
te envidian.
…
El folio cae suavemente sobre las
manos de la profesora y cientos de letras lo hacen con él. Recoge los bolis,
mete todo en la mochila y sale de clase asimilando la situación: ¡Es libre!
¡Por fin!
Recorre el pasillo lo más rápido que puede y baja las escaleras sin
perder un segundo de su valioso tiempo. En la calle, sus amigas le dan un
irónico aplauso celebrando que media hora más tarde, Claudia había terminado el
examen. Es “especial”, todos lo saben.
Se ponen en marcha y fijan la
‘hora de quedada’ de esa esperadísima tarde.
Una vez llegan al final de la calle, se despiden cariñosamente como de
costumbre.
Cascos y música a tope;
vibraciones de distintas amplitudes recorren los conductos auditivos de esta
rubia de película. Cruza la calle y ve, a tan solo cien metros, la puerta de
entrada de su casa. Echa a correr pensando que cuanto antes llegue, antes podrá
tumbarse encima de la colorida funda nórdica que recubre su cama en todos y
cada uno de los meses estivales. Llama al timbre por el simple hecho de no
tener que hacer ese “enorme” esfuerzo de sacar las llaves, y espera impaciente
a que su madre le abra la puerta. Quince segundos después, está dentro. Da un
beso a su madre en la mejilla izquierda, se descalza, y sube a todo correr
hasta su: la está esperando y es consciente de ello.
Se tumba en la cama y mete sus cálidas manos bajo la frígida almohada.
Justo entonces, al realizar aquel simple movimiento, da con algo con lo que no
contaba. Sus dedos interceptan un sobre y lo sacan con sumo cuidado. Se
incorpora, se sienta, estira las piernas y lo abre impaciente por ver que se
encuentra en el interior.
“VAjo LOS CoLUmPios,
rESiDE EL MAÑÁnA QUE CREES QUErer.”
‘No lo entiendo. ¿Qué conclusión
se supone que tengo qué sacar? Mayúsculas y minúsculas entremezcladas, faltas
ortográficas de esas que hacen daño a la vista… Nada tiene sentido, ¡no
entiendo nada!’
El tiempo pasaba, segundo tras segundo, y Claudia estaba a punto de
perder la cordura cuando de repente, todo cobró sentido: la clave está en las
mayúsculas. ¡Es un juego de palabras! ¡¿Cómo no ha podido darse cuenta antes?! Al
reordenar las mayúsculas de forma correcta, una frase que hace saltar chispas
de emoción en los ojos de Claudia se deja entrever:
‘CLAU, VALES MÁS DE
LO QUE CREES PEQUEÑA.’
Las lágrimas comenzaron a brotar en aquel momento, por lo que dio la
vuelta a aquel sobre de papel maché con el único propósito de no emborronar
aquel ‘valioso’ detalle de una persona totalmente desconocida por el momento.
Entonces, se percató de lo que los nervios la impidieron ver anteriormente, la
breve reseña escrita en la parte inferior izquierda del mismo. En ella, con una
cursiva escrita con minucioso cuidado, ponía: ‘PD: PARA TI’
Lo que espero que tenga claro la ojazos ésta, es que esa frase será
simple, sencilla… pero totalmente sincera
…
He dicho que no me la cambien.
Que la quiero así, con sus mínimas imperfecciones, esas que la hacen única e
inmejorable. Y que doy gracias día a día por tenerla a mi lado, por el esfuerzo
que hizo al abrirme hueco en un grupo prácticamente formado teniendo en cuenta
mi forma de ser, por escucharme, aguantarme y estar siempre ahí, aunque en
ocasiones esté peor que yo.Y porque como se suele decir, las palabras se las
lleva el viento, y aunque cosas de estas cuesta decirlas, creo que es justo que
lo sepas; que sepas que eres la mejor, pequeña.
PD: PARA TI

