GENIOS DE TAMAÑO REDUCIDO
‘Sepo’. Sí, esa
es la palabra que ellos utilizan para referirse a la primera persona de
presente de indicativo de un verbo de la segunda conjugación: el verbo ser. Ser
algo o ser alguien; pero ser. Usan la lógica; no piensan en el “qué dirán” de
la gente. Únicamente siguen las reglas, no hacen excepciones. Y es que claro,
les enseñan a no marginar a nadie, y un verbo irregular como este lo está. Por
eso ellos intentan no dejarle de lado, que sea uno más.
Sentimientos, ilusiones, sueños,
emociones… todos ellos serán rotos a medida que crezcan; un adulto se encargará
de destruirlos y hacerlos pedazos. Como un jarrón con coloridas petunias que
cae desde un balcón de un cuarto piso en un edificio de la ciudad. Los pétalos
se van desprendiendo al entrar en contacto con el aire, a una velocidad
vertiginosa; y una vez llegue al suelo, la acera se llenará de tierra entre la
que encontrarás pétalos rotos y algún que otro trozo de cerámica de tamaño
sumamente irregular.
Viven con la verdad por delante;
con una inocencia que hace que te derritas al oírles, al ver sus ocurrencias,
esas salidas tan sorprendentes… Pueden ser miopes, hipermétropes, o
sencillamente no tener desarrollado el fabuloso sentido de la vista; pero da
igual, ellos van a seguir siéndote sinceros, y aunque no puedan ver, sí pueden
sentir. Y lo hacen por medio de un corazón figurado, de un rojo vivo o rosa
fucsia, de esos que te enseñan a dibujar y el cual piensas que ocupa la parte
superior izquierda del interior de tu pecho. Un corazón, que si te mandan
distribuir, lo harías en porciones simétricas, y pintarías cada una de un
color, de forma que estos simbolizarían los sentimientos. En la parte verde,
situarías esperanza; en la roja, pasión; en la azul, tranquilidad; en la amarilla,
optimismo; en la naranja, entusiasmo; en la rosa alegría… Y en una recóndita
porción se encontraría el negro, reflejando el dolor, el odio, el sufrimiento,
la rabia, la impotencia y la ira propios de un ser humano.
Eso es la Infancia. Y creo que razón
no me faltaría al decir que es la etapa más bonita de la vida; que no
disfrutarla debería ser un delito gravemente penalizado, y las personas que
impiden su disfrute deberían ser denunciadas: ellas también tuvieron niñez,
aunque por desgracia no lo recuerdan y por eso mismo no la valoran.
En esa época las guerras se llevan a cabo
mediante migas de pan; la máxima duración de un enfado es de un día, todo se
solucionará en el recreo del día siguiente tras haber compartido galletas de
chocolate. El lugar más alto del mundo, se encuentra en los hombros de tu
padre, el mismo hombre que te bajará la luna en el momento en que se la pidas. Crees
que las vitaminas se marchan corriendo una tras otra al aumentar el tiempo que el
zumo de naranja (el cual no vas a tomar por miedo a atragantarte con los
‘grumos’) lleva sobre la mesa. Y también piensas que las personas están en el
cielo porque son azafatas o pilotos de avión, esa fue su elección al elegir su
carrera una vez finalizaron el bachiller: estudiar aeronáutica.
Sin embargo, durante la infancia también pasan
por tu cabeza cosas totalmente ciertas que irás dando por erróneas a medida que
crezcas. Cosas como que tu mamá es la mejor mujer del mundo, aquella que daría
su vida por ti; o que los hermanos son un regalo de la vida, sangre de tu misma
sangre; que al ver a otro niño sabes instintivamente si en un futuro lo podrás
considerar amigo o más bien enemigo.
Y recuerda, que en este tramo de
tu camino ocurren las cosas más importantes, aquellas que te ayudarán a poder
continuar andando con éxito, esas que reducirán las posibilidades de que
tropieces, aunque el caer sea algo indispensable para aprender a levantarte y
no repetir aquel fallo. En esta etapa ves por primera vez la luz y lloras,
porque sabes que no va a ser fácil vivir en este mundo de locos; te salen los
dientes, los mismos que se llevará el Ratoncito Pérez en el momento en el que
se te caigan, porque por si no lo recuerdas, son de leche. En este trayecto
balbuceas hasta conseguir formar palabras con sentido, y posteriormente
oraciones coherentes; das tus primeros pasos y aprenderás a andar de la mano de
tus seres queridos.
…
Una persona me dijo que buscase
genios en mi habitación, y cómo pista me dio el lugar en el que se encontraban:
el baúl de mis recuerdos.
En estos momentos te estarás
preguntando qué es aquello que guardo allí y te comprendo, porque cuando me
dijeron que buscase allí, mi cara de perplejidad superó con creces la tuya ya
que allí se encuentran las fotos de mi niñez. Y sí, debo reconocer que en un
principio no entendía nada, pero tras darle mil y una vueltas encontré lo que
buscaba: niños; los mismos que protagonizaban todas y cada una de las escenas
que aparecían en las fotografías. Son ellos los genios que dominarán el mundo,
por lo que déjalos desarrollar las capacidades que los ayudarán a construir uno
mejor que el que nosotros les dejaremos en herencia. No te engañes, abre los
ojos y terminarás viendo que tengo razón: son ellos los genios de tamaño
reducido de los que hablo.

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