Las críticas "negativas" son las que al fin y al cabo te forman como persona; las que te ayudan a reparar los errores de los cuales no eras consciente, o simplemente no querías serlo porque sabes que son de difícil solución. Sentirte como un sucio papel pintado tirado en el suelo de un parque infantil uno de esos días en los que el viento impide a los niños llenar la calle de alegría, vagando tristemente sin rumbo alguno una vez se da cuenta de que el río será su único refugio, aquel que hará de tumba una vez se deshaga. Pero ese papel no pudo hacer nada, era un ser sin vida, inerte. Así que date prisa ahora que tienes tiempo y CAMBIA. Pero hazlo por ti, por ser un poquito más feliz en este mundo de locos.
Sin embargo, no todo es tan fácil en la vida. En el momento en el que la decisión parece infranqueable, vienen las dudas. Entonces empiezas a pensar en aquellas personas que te dicen todo lo contrario, todo lo bueno, lo mejor de ti; y no sabes qué debes tomar como cierto y qué como erróneo. Justo ahí empiezas a cuestionarte si lo hacen porque te quieren y no les gusta verte mal; o, simplemente, por quedar bien: quedar bien con todo el mundo ocultando aquella libertad de expresión de la cual es dueño.
En esos momentos, las ideas se mezclan en tu cabeza como lo hacen partículas, objetos y demás en aquellos tornados propios de ciertas películas; son ellas las encargadas de la fabricación de esos fuertes nudos, aquellos que presentan un alto grado de dificultad a la hora de desenredarlos y ordenarlos de forma correcta.
Lucilú.
Cazando sueños, evitando que los dejes escapar. Una vez los encuentres, cógelos y cómete el mundo con ellos.
martes, 15 de abril de 2014
jueves, 27 de febrero de 2014
PD: PARA TI
Heroína, esa es la palabra
adecuada. Pero no se vayan ustedes a pensar en la otra acepción que se la
asigna; en aquella que hace referencia a esa droga con propiedades sedantes y
narcóticas. No. Y si lo hacen estarían equivocados, porque me refiero a
‘aquella admirada por sus hazañas y virtudes’. De esas últimas quedan pocas,
por lo que su valor se multiplica; y yo tengo la inmensa suerte de tener
conmigo a una de ellas.
…
Uno, dos, tres millones de rubios
cabellos caen por ese perfecto dorso cubierto por una moderna camisa vaquera.
Simpáticos nudos y enredos provocados por el veloz paso del cepillo debido a
las prisas de cada mañana antes de ir al instituto. No hay tiempo. Lentillas a
toda carrera, chaqueta, bufanda y pista.
‘Frío. Los pelos se me erizan nada más abrir la puerta de casa. Meto
la mano derecha en el bolsillo de la chaqueta y encuentro las llaves entre un
montón de bolsas con gominolas. Las saco con sumo cuidado, intentando no tirar
ninguno de los demás ‘chismes’ que entorpecen el camino de mi gélida mano; y
sorprendentemente, lo consigo. Una vez entre mis dedos, la introduzco por la
cerradura: dos vueltas hacia la derecha y de nuevo al bolso.
Camino deprisa, venciendo la
inmensa fuerza que ejerce la mochila sobre mi espalda, visualizando los
esquemas de Bio que tendré que plasmar sobre un folio en blanco en menos de
media hora. Las ideas se mezclan en mi cabeza como consecuencia de las
innumerables horas de estudio que he acumulado durante esta semana. Todo sea
por mantener el sobresaliente que tanto esfuerzo me ha costado. Y pensar que en
unas horas seré un poquito más libre… ¡qué ganas de acabar con los exámenes!
Cruzo el paso de cebra inmersa en
mis pensamientos, sin darme cuenta de que un coche se aproxima a mí por la
derecha. Si no llega a ser por el ‘cacho pan’ que me esperaba al otro lado con
los apuntes en las manos, lo más probable es que hubiese pasado a mejor vida.
“¡Claudia, despierta!”, gritó lo más fuerte que pudo. Y así lo hice: desperté y
eché a correr como si me fuera la vida en ello,(y nunca mejor dicho), al
encuentro de la buenaza de Ainhoa, que nada más tenerme a su lado me agarró con
tanta fuerza las manos que la sangre dejó de circular por mis venas unos
instantes.
Cinco minutos más tarde, me
encontraba colocando el abrigo en la silla en la que me sentaría segundos
después a hacer aquel ‘maravilloso examen de biología; mi apreciadísima
biología’.
…
Perfección. Si hay persona en el
mundo que merece ser asociada a esta palabra, es ella. Y sí, estoy convencida
de que hay gente que intenta engañarla, hacerla cambiar, hundirla… pero todo
eso son consecuencias de la pura envidia que los corroe por dentro al verla y
darse cuenta de que es inmejorable. Los impulsos nerviosos circulan por sus cuerpos
de forma diferente desde que sus retinas captaron su figura. No obstante y por
difícil que parezca, lo veo normal. Lo veo normal porque sé que cuando los
receptores visuales percibieron la intensidad del azul de sus ojos, se
volvieron locos y empezaron a emitir respuestas sin sentido alguno. Lo veo
normal porque estoy segura de que al escuchar esa melodiosa voz que salía
chispeante de entre esos enrojecidos labios, maldijeron a sus antepasados por
el hecho de que no se la hubiesen dejado en herencia. Porque ese dulce rostro y
esa simpatía que desprende, son los que hacen hacen que te derritas y pierdas
la razón… Pero se lo repetiré una y otra vez: no hagas caso de esos, únicamente
te envidian.
…
El folio cae suavemente sobre las
manos de la profesora y cientos de letras lo hacen con él. Recoge los bolis,
mete todo en la mochila y sale de clase asimilando la situación: ¡Es libre!
¡Por fin!
Recorre el pasillo lo más rápido que puede y baja las escaleras sin
perder un segundo de su valioso tiempo. En la calle, sus amigas le dan un
irónico aplauso celebrando que media hora más tarde, Claudia había terminado el
examen. Es “especial”, todos lo saben.
Se ponen en marcha y fijan la
‘hora de quedada’ de esa esperadísima tarde.
Una vez llegan al final de la calle, se despiden cariñosamente como de
costumbre.
Cascos y música a tope;
vibraciones de distintas amplitudes recorren los conductos auditivos de esta
rubia de película. Cruza la calle y ve, a tan solo cien metros, la puerta de
entrada de su casa. Echa a correr pensando que cuanto antes llegue, antes podrá
tumbarse encima de la colorida funda nórdica que recubre su cama en todos y
cada uno de los meses estivales. Llama al timbre por el simple hecho de no
tener que hacer ese “enorme” esfuerzo de sacar las llaves, y espera impaciente
a que su madre le abra la puerta. Quince segundos después, está dentro. Da un
beso a su madre en la mejilla izquierda, se descalza, y sube a todo correr
hasta su: la está esperando y es consciente de ello.
Se tumba en la cama y mete sus cálidas manos bajo la frígida almohada.
Justo entonces, al realizar aquel simple movimiento, da con algo con lo que no
contaba. Sus dedos interceptan un sobre y lo sacan con sumo cuidado. Se
incorpora, se sienta, estira las piernas y lo abre impaciente por ver que se
encuentra en el interior.
“VAjo LOS CoLUmPios,
rESiDE EL MAÑÁnA QUE CREES QUErer.”
‘No lo entiendo. ¿Qué conclusión
se supone que tengo qué sacar? Mayúsculas y minúsculas entremezcladas, faltas
ortográficas de esas que hacen daño a la vista… Nada tiene sentido, ¡no
entiendo nada!’
El tiempo pasaba, segundo tras segundo, y Claudia estaba a punto de
perder la cordura cuando de repente, todo cobró sentido: la clave está en las
mayúsculas. ¡Es un juego de palabras! ¡¿Cómo no ha podido darse cuenta antes?! Al
reordenar las mayúsculas de forma correcta, una frase que hace saltar chispas
de emoción en los ojos de Claudia se deja entrever:
‘CLAU, VALES MÁS DE
LO QUE CREES PEQUEÑA.’
Las lágrimas comenzaron a brotar en aquel momento, por lo que dio la
vuelta a aquel sobre de papel maché con el único propósito de no emborronar
aquel ‘valioso’ detalle de una persona totalmente desconocida por el momento.
Entonces, se percató de lo que los nervios la impidieron ver anteriormente, la
breve reseña escrita en la parte inferior izquierda del mismo. En ella, con una
cursiva escrita con minucioso cuidado, ponía: ‘PD: PARA TI’
Lo que espero que tenga claro la ojazos ésta, es que esa frase será
simple, sencilla… pero totalmente sincera
…
He dicho que no me la cambien.
Que la quiero así, con sus mínimas imperfecciones, esas que la hacen única e
inmejorable. Y que doy gracias día a día por tenerla a mi lado, por el esfuerzo
que hizo al abrirme hueco en un grupo prácticamente formado teniendo en cuenta
mi forma de ser, por escucharme, aguantarme y estar siempre ahí, aunque en
ocasiones esté peor que yo.Y porque como se suele decir, las palabras se las
lleva el viento, y aunque cosas de estas cuesta decirlas, creo que es justo que
lo sepas; que sepas que eres la mejor, pequeña.
PD: PARA TI
lunes, 3 de febrero de 2014
Genios de tamaño reducido
GENIOS DE TAMAÑO REDUCIDO
‘Sepo’. Sí, esa
es la palabra que ellos utilizan para referirse a la primera persona de
presente de indicativo de un verbo de la segunda conjugación: el verbo ser. Ser
algo o ser alguien; pero ser. Usan la lógica; no piensan en el “qué dirán” de
la gente. Únicamente siguen las reglas, no hacen excepciones. Y es que claro,
les enseñan a no marginar a nadie, y un verbo irregular como este lo está. Por
eso ellos intentan no dejarle de lado, que sea uno más.
Sentimientos, ilusiones, sueños,
emociones… todos ellos serán rotos a medida que crezcan; un adulto se encargará
de destruirlos y hacerlos pedazos. Como un jarrón con coloridas petunias que
cae desde un balcón de un cuarto piso en un edificio de la ciudad. Los pétalos
se van desprendiendo al entrar en contacto con el aire, a una velocidad
vertiginosa; y una vez llegue al suelo, la acera se llenará de tierra entre la
que encontrarás pétalos rotos y algún que otro trozo de cerámica de tamaño
sumamente irregular.
Viven con la verdad por delante;
con una inocencia que hace que te derritas al oírles, al ver sus ocurrencias,
esas salidas tan sorprendentes… Pueden ser miopes, hipermétropes, o
sencillamente no tener desarrollado el fabuloso sentido de la vista; pero da
igual, ellos van a seguir siéndote sinceros, y aunque no puedan ver, sí pueden
sentir. Y lo hacen por medio de un corazón figurado, de un rojo vivo o rosa
fucsia, de esos que te enseñan a dibujar y el cual piensas que ocupa la parte
superior izquierda del interior de tu pecho. Un corazón, que si te mandan
distribuir, lo harías en porciones simétricas, y pintarías cada una de un
color, de forma que estos simbolizarían los sentimientos. En la parte verde,
situarías esperanza; en la roja, pasión; en la azul, tranquilidad; en la amarilla,
optimismo; en la naranja, entusiasmo; en la rosa alegría… Y en una recóndita
porción se encontraría el negro, reflejando el dolor, el odio, el sufrimiento,
la rabia, la impotencia y la ira propios de un ser humano.
Eso es la Infancia. Y creo que razón
no me faltaría al decir que es la etapa más bonita de la vida; que no
disfrutarla debería ser un delito gravemente penalizado, y las personas que
impiden su disfrute deberían ser denunciadas: ellas también tuvieron niñez,
aunque por desgracia no lo recuerdan y por eso mismo no la valoran.
En esa época las guerras se llevan a cabo
mediante migas de pan; la máxima duración de un enfado es de un día, todo se
solucionará en el recreo del día siguiente tras haber compartido galletas de
chocolate. El lugar más alto del mundo, se encuentra en los hombros de tu
padre, el mismo hombre que te bajará la luna en el momento en que se la pidas. Crees
que las vitaminas se marchan corriendo una tras otra al aumentar el tiempo que el
zumo de naranja (el cual no vas a tomar por miedo a atragantarte con los
‘grumos’) lleva sobre la mesa. Y también piensas que las personas están en el
cielo porque son azafatas o pilotos de avión, esa fue su elección al elegir su
carrera una vez finalizaron el bachiller: estudiar aeronáutica.
Sin embargo, durante la infancia también pasan
por tu cabeza cosas totalmente ciertas que irás dando por erróneas a medida que
crezcas. Cosas como que tu mamá es la mejor mujer del mundo, aquella que daría
su vida por ti; o que los hermanos son un regalo de la vida, sangre de tu misma
sangre; que al ver a otro niño sabes instintivamente si en un futuro lo podrás
considerar amigo o más bien enemigo.
Y recuerda, que en este tramo de
tu camino ocurren las cosas más importantes, aquellas que te ayudarán a poder
continuar andando con éxito, esas que reducirán las posibilidades de que
tropieces, aunque el caer sea algo indispensable para aprender a levantarte y
no repetir aquel fallo. En esta etapa ves por primera vez la luz y lloras,
porque sabes que no va a ser fácil vivir en este mundo de locos; te salen los
dientes, los mismos que se llevará el Ratoncito Pérez en el momento en el que
se te caigan, porque por si no lo recuerdas, son de leche. En este trayecto
balbuceas hasta conseguir formar palabras con sentido, y posteriormente
oraciones coherentes; das tus primeros pasos y aprenderás a andar de la mano de
tus seres queridos.
…
Una persona me dijo que buscase
genios en mi habitación, y cómo pista me dio el lugar en el que se encontraban:
el baúl de mis recuerdos.
En estos momentos te estarás
preguntando qué es aquello que guardo allí y te comprendo, porque cuando me
dijeron que buscase allí, mi cara de perplejidad superó con creces la tuya ya
que allí se encuentran las fotos de mi niñez. Y sí, debo reconocer que en un
principio no entendía nada, pero tras darle mil y una vueltas encontré lo que
buscaba: niños; los mismos que protagonizaban todas y cada una de las escenas
que aparecían en las fotografías. Son ellos los genios que dominarán el mundo,
por lo que déjalos desarrollar las capacidades que los ayudarán a construir uno
mejor que el que nosotros les dejaremos en herencia. No te engañes, abre los
ojos y terminarás viendo que tengo razón: son ellos los genios de tamaño
reducido de los que hablo.
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