lunes, 27 de enero de 2014

'Tan necesario como el respirar'

TAN NECESARIO COMO EL RESPIRAR

Un día cualquiera de octubre a las siete y media de la tarde.
Otra mota de polvo cae sobre el escritorio. He perdido la cuenta, ¿cuántas serían? A mil estoy segura de haber llegado, pero en estos momentos recordar el número exacto es misión imposible. No me quedo corta al decir que el estrés va a poder conmigo, porque si tuviera pistola en mano, un tiro en la sien sería mano de santo.
Y al agobio que tengo por los exámenes se suman la rabia que siento al reconocer que como siempre, la “mami” tenía razón: una vez me sature tengo que dejarlo, despejarme, porque de esa forma me es inútil pasar horas y horas delante de todos los apuntes… y qué mejor forma para despejarme que hacer caso al Whats App de Ainara e ir una hora a entrenar con las mejores “petardas” que se puede tener. Y encima, las zapatillas llevan toda la tarde cabizbajas bajo la cama, y esa equipación pide a gritos salir a la pista. Decidido, lo necesito.
Cinco minutos más tarde de un día cualquiera de octubre.
-¡Mamá, en una hora vuelvo!¡ Adióooooos!
¡No me lo puedo creer! ¡Mi pequeña me ha hecho caso! Una vez cada quince años, vamos mejorando. Jajajaja- dijo la madre al tiempo que acuchaba a la niña.
Ya era de noche, y en aquel lugar, el silencio tan solo era irrumpido por el entrechocado de las hojas de los árboles y la música de fondo procedente de mis cascos: relajante y especial; canción que transporta a mi mente numerosos recuerdos de esos que gusta recapitular y almacenar en la memoria: Jueves, de la Oreja de Van Gogh.
A los pocos minutos llegué al polideportivo, y una sonrisa invadió mi rostro al oír, desde los pasillos, las risas procedentes de mi vestuario. Entré, nos saludamos, achuchamos y  besuqueamos; y una vez cambiadas, salimos al campo con esas típicas bromas que hacen especiales todos y cada uno de los días junto a ellas.

Hoy ha sido un día duro: físico, físico y más físico. Y para terminar alguna que otra práctica de tácticas defensivas…  El entrenamiento de lo que, según personas ajenas al deporte, es un grupo de crías con las hormonas totalmente revolucionadas que corren siguiendo un balón. Pero lo que esta gente no ve, es el gran esfuerzo, compromiso, sacrificio y otros muchos factores necesarios para formar un equipo como el nuestro, envidiable; principalmente por los lazos de amistad que hay entre todas las componentes del grupo: miles de historias diferentes, surgidas a partir de una misma pasión, una misma forma de evadirse del mundo, un mismo deporte: el baloncesto.
Y una vez más, admito que mis mayores tienen razón; y una vez regresé a casa, tan solo tardé media hora en estudiar el temario al cual iba a ser examinada.
Una última anotación: a mi lista de agradecimientos a las personas que me dieron la vida, tengo que añadir y darles las gracias por su insistencia en que llevemos a cabo la práctica de algún deporte. Ciertamente me dijeron en su día:
<< Practicar un deporte no es solo ganar, es conocer los valores de nuestra vida: constancia, respeto, responsabilidad…, mediante su práctica, formamos parte de nuestra vida como personas. Y recuerda: tú elegiste un deporte en equipo. Y debes saber que  el talento ganará partidos, pero los campeonatos son ganados por el trabajo en equipo, la disciplina, y la inteligencia.>>


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