TAN NECESARIO COMO EL RESPIRAR
Un día cualquiera de octubre a las siete y media de la
tarde.
Otra mota de polvo cae sobre el escritorio. He perdido la
cuenta, ¿cuántas serían? A mil estoy segura de haber llegado, pero en estos
momentos recordar el número exacto es misión imposible. No me quedo corta al
decir que el estrés va a poder conmigo, porque si tuviera pistola en mano, un
tiro en la sien sería mano de santo.
Y al agobio que tengo por los exámenes se suman la rabia que
siento al reconocer que como siempre, la “mami” tenía razón: una vez me sature
tengo que dejarlo, despejarme, porque de esa forma me es inútil pasar horas y
horas delante de todos los apuntes… y qué mejor forma para despejarme que hacer
caso al Whats App de Ainara e ir una hora a entrenar con las mejores “petardas”
que se puede tener. Y encima, las zapatillas llevan toda la tarde cabizbajas
bajo la cama, y esa equipación pide a gritos salir a la pista. Decidido, lo
necesito.
…
Cinco minutos más tarde de un día cualquiera de octubre.
-¡Mamá, en una hora vuelvo!¡ Adióooooos!
¡No me lo puedo creer! ¡Mi pequeña me ha hecho caso! Una vez
cada quince años, vamos mejorando. Jajajaja- dijo la madre al tiempo que
acuchaba a la niña.
…
Ya era de noche, y en aquel lugar, el silencio tan solo era
irrumpido por el entrechocado de las hojas de los árboles y la música de fondo
procedente de mis cascos: relajante y especial; canción que transporta a mi
mente numerosos recuerdos de esos que gusta recapitular y almacenar en la
memoria: Jueves, de la Oreja de Van Gogh.
A los pocos minutos llegué al polideportivo, y una sonrisa
invadió mi rostro al oír, desde los pasillos, las risas procedentes de mi
vestuario. Entré, nos saludamos, achuchamos y
besuqueamos; y una vez cambiadas, salimos al campo con esas típicas
bromas que hacen especiales todos y cada uno de los días junto a ellas.
…
Hoy ha sido un día duro: físico, físico y más físico. Y para
terminar alguna que otra práctica de tácticas defensivas… El entrenamiento de lo que, según personas
ajenas al deporte, es un grupo de crías con las hormonas totalmente revolucionadas
que corren siguiendo un balón. Pero lo que esta gente no ve, es el gran
esfuerzo, compromiso, sacrificio y otros muchos factores necesarios para formar
un equipo como el nuestro, envidiable; principalmente por los lazos de amistad
que hay entre todas las componentes del grupo: miles de historias diferentes,
surgidas a partir de una misma pasión, una misma forma de evadirse del mundo,
un mismo deporte: el baloncesto.
Y una vez más, admito que mis mayores tienen razón; y una
vez regresé a casa, tan solo tardé media hora en estudiar el temario al cual
iba a ser examinada.
Una última anotación: a mi lista de agradecimientos a las
personas que me dieron la vida, tengo que añadir y darles las gracias por su
insistencia en que llevemos a cabo la práctica de algún deporte. Ciertamente me
dijeron en su día:
<< Practicar un deporte no es solo ganar, es conocer
los valores de nuestra vida: constancia, respeto, responsabilidad…, mediante su
práctica, formamos parte de nuestra vida como personas. Y recuerda: tú elegiste
un deporte en equipo. Y debes saber que el talento ganará partidos, pero los
campeonatos son ganados por el trabajo en equipo, la disciplina, y la
inteligencia.>>

Dos palabras, trece letras: ERES INCREIBLE
ResponderEliminarAiiiis Andrea, GRACIAS; pero gracias por todo, y de las de verdad
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