martes, 28 de enero de 2014

'Uno más uno son cinco'

‘UNO MÁS UNO SON CINCO’

Diferentes y a la vez tan iguales. Como un puñado de gotas de agua que manan de una cascada; formadas por átomos idénticos y una misma configuración. Pero cada una con una forma, tamaño y  manera de ver el mundo. Y eso es lo que las hace compenetrar, juntarse y parecer una sola.
Toca día de playa, y Andrea es la encargada de la cámara: una Canon de las más modernas. Qué mejor que una colorida sesión fotográfica en un lugar como ese dirigida por una réflex de ese tipo para captar el impacto que hace sobre las chicas la inesperada visita de Andrea.
El ruido de las chanclas sobre el asfalto es el único sonido que se escucha sobre el paseo marítimo en esos momentos. Se baja las gafas de sol y consigue vislumbrar a lo lejos, la figura de sus cuatro amigas: Chloè, África, Clara y Helen. Sentadas en la arena sobre dos grandes toallas se encuentran jugando a las cartas, o eso parece, aunque puede que el sol le esté jugando una mala pasada. Baja las escaleras, y en el último peldaño se deshace de sus sandalias, las coge con su mano derecha, y se dispone a introducir los pies en la suave arena  típica de esas tierras. Con paso firme, emprende el camino hacia la zona en la que se encuentra la sombrilla de Coca Cola. Helen la ve al instante, y tras un grito de sorpresa, comienza a correr en su búsqueda. Su largo y rubio pelo acompaña la carrera formando enormes hondas que se ven iluminadas por el resplandor del cielo en aquel cálido día de verano.
Un abrazo de película. Se quieren y se ve a distancia. Cogen la cámara y dan paso al comienzo de la sesión: autofotos con morritos, guiños y diferentes caras; cada cual más divertida. Y es que, lo más seguro, es que dentro de cinco años, cuando vean todas esas fotos, las lágrimas recorrerán sus rostros; porque en ellas se aprecian la cantidad de momentos que han vivido juntas. Son más que amigas, HERMANAS.
-¿Pero Helen dónde se ha metido? ¿Qué hacemos? ¿La saltamos o qué? –dice Clara a la vez que resopla.
-Si en cinco minutos no viene la pasamos, pero esperad que ha dicho que iba a por una Coca Cola.
Y la cosa está en que la visita de Andrea era una sorpresa para Clara. Se fue a vivir a Londres hace un año, y cuando vino a España por navidades resultó que ‘Cleer’ estaba en el pueblo de su padre y no la pudo ver, lo que la supuso un gran disgusto.
Clara se aburre. Helen sigue sin aparecer y está harta de colocar y recolocar las cartas en su mano. Ha conseguido incluso formar un perfecto abanico con ellas. En esos instantes, unas bronceadas manos tapan sus ojos con sumo cuidado. ¿Quién narices es ahora? No tiene la más remota idea, aunque poco tarda en reconocer ese peculiar olor a coco. Juraría que es Andrea, pero no se hace ilusiones porque sabe que su amiga no se encuentra ni tan siquiera en España. Las ganas que tiene de achucharla son tan grandes, que ya se ha imaginado numerosas veces el reencuentro  que tendrá lugar en unos meses, característico de un cuento de hadas. Catorce de agosto. Bendito día, lo que le está costando llegar. Ya ha pedido permiso a su madre para prepararla una fiesta sorpresa en su casa, una fiesta de bienvenida. En la puerta la van a hacer una enorme pancarta llena de fotos de cuando eran peques, con unos papines comestibles.
-¿Se puede saber cuándo me vais a decir quién es?-dice Clara levantando la voz. Pero parece que sus amigas siguen sin hacerla ni caso, porque las risas continúan sobre la arena.
Y por fin, como si de la voz de un ángel se tratase, la dulce voz de la persona que la impide ver la claridad del lugar, hace que Clara rompa a llorar, y entre multitud de lágrimas de triunfante alegría, abre sus enormes ojos marrones y se gira para ver con sus propios ojos lo que hace un rato pensó que eran falsas ilusiones: Andrea está allí. La joven abre sus brazos y aprieta junto a su pecho a su amiga, que ha roto a llorar y parece ser que la va a costar calmarse.
Ha pasado media hora. Grandes sonrisas inundan las caras de las cinco amigas, y es que no había mejor forma de haber comenzado el verano. Dos de ellas con el pelo claro, otras dos morenas, y una quinta pelirroja; largos cabellos, medias melenas…; pelo rizado, fascinantes hondas, y otras con un alisado similar al japonés. Y no solo el pelo, si no que ni siquiera comparten las cinco una misma nacionalidad, ni mucho menos, carácter. Pero eso es lo que las hace complementarse: lo que a unas las sobra a otras las falta.
Nueve años atrás, el primer día de una Primaria que daría de qué hablar.
Se saludan tímidamente, moviendo sus rechonchas manos de izquierda a derecha, aunque las dos parecen cabizbajas. Y es lo que pasa tras tres largos meses de verano, que las niñas (y más a esas edades), cuando se vuelven a ver, parecen completas desconocidas. Su madre la impulsa con cuidado por la espalda, intentando acercarla a la pequeña Helen, que se encuentra con otras dos niñas. A su izquierda, una niña con una larga melena pelirroja, y una redonda carita cubierta de graciosa pecas, que responde al nombre de Clara. Y a su derecha, una más rubia si cabe que la propia Helen, con un larguísimo pelo recogido en dos altas coletas. La última, con más desparpajo que las anteriores, opta por presentarse a sí misma y a sus dos compañeras.
-Me llamo Chloè, y soy prima de Helen. Nuestras madres son hermanas, aunque nosotras nos llevamos mucho mejor que ellas. Dice con una risueña vocecita al tiempo que mira de reojo a su tía, que suelta una sonora carcajada al oír las ocurrencias de su sobrina. – Y esta otra, es Clara. Ha venido a vivir aquí porque sus padres se han separado. Pero ella es de Barcelona, y habla muy gracioso, porque allí aunque también es España no hablan igual, y le cuesta un poco decir algunas cosas en español.
África no conoce a nadie. Y Andrea mira fijamente a Helen, sin atreverse a decir nada. No las conoce, y ella al principio es algo vergonzosa. Hizo parvulitos con Helen, y eran inseparables, por lo que sus padres optaron por que continuasen los estudios en el mismo colegio. Daba pena destrozar una amistad tan bonita como esa.
 Y un trece de julio del pasado verano, conoció a África. África es la hija adoptiva de Juan y Paloma, sus vecinos de abajo. Tenía cinco añitos, y procedía del Sahara. La pareja marchó en enero para ultimar los trámites de la adopción, y han estado viviendo hasta entonces en el continente. La verdad es que es una niña preciosa  que ha sufrido mucho. Sus padres la abandonaron a los tres días de nacer en un vertedero. Y ha necesitado ayuda psicológica para superarlo, porque aquello dejó secuelas en la pequeña. Desde aquel día, comenzaron a forjar una gran amistad. Todo el día juntas, tenían a la familia de la otra como segunda familia. Y los padres encantados, como no podía ser de otra forma.
Una vez abiertas las plazas de inscripción, ni Juan ni Paloma tuvieron una mínima duda al elegir el colegio en el que matricularían a su hija. Ella también iría con Andrea a clase.

Y ese diez de septiembre comenzó todo: Clara, Chloè y Helen; y Andrea y África comenzaron a formar grandes lazos de amistad, que ya habían comenzado a entrelazarse varios años atrás, en 1º de infantil; el día en que Andrea y Helen se conocieron. Esto tan solo fue el comienzo de una gran verdad: “ 1+1 son 5 ”.

Después de un día de playa inmejorable, fueron acogidas en casa de Helen. “Casa de ensueño” para todas sus amigas. En el inmenso jardín de aquella pequeña mansión, tumbadas en cinco cómodas hamacas blancas, se encuentran ellas, mirando las estrellas y contando anécdotas vividas por Andrea en la famosa ciudad londinense: miles de secretos que tan solo el perímetro del lugar en el que ocurrió era consciente de ello. Bueno, rectifico; el perímetro y por supuesto, las personas que protagonizaron el momento: su primera vez.
Ana, madre de una de las protagonistas y dueña de la casa, hizo más mágico aún ese final de película. Encendió el radiocasete y dio paso a los siguientes versos:
‘Una historia que habla de tiempos vividos / donde todo se engloba bajo el mismo sitio / la amistad / y eran lunas para disfrutar / sin pensar mañana que vendrás / sin preocuparnos que un día la magia / se iba a acabar’…
Tímidas, atrevidas, charlatanas, serias, risueñas… y muchos otros adjetivos que califican la forma de ser de nuestras cinco chicas. Pero todas ellas tienen claro que fueron unidas porque así lo quiso el destino, y no tienen la menor intención de llevarle la contraria.
Solamente palabras de agradecimiento salían de la boca de Clara aquel día:
Y así es, seré una pesada, pero hoy me toca dar a mí el sermón. Y es que, la verdad, no sé qué deciros que no sepáis ya. Pero quería daros de nuevo las gracias. Porque a mí me cuesta más abrirme en un principio, soy más cerrada, y encima llegué cuando el grupo ya estaba prácticamente formado. Pero hicisteis un esfuerzo y me abristeis camino. Me lo pusisteis todo muy fácil. Me disteis confianza y siempre habéis estado ahí, desde un principio, me ayudasteis a superar la separación de mis padres; y eso dice mucho de vosotras, ya que apenas me conocíais, y yo tampoco lo ponía demasiado sencillo.
Y ahora, pararos a pensar en todo lo que hemos vivido juntas. Y sí, aunque físicamente os conocí un 10 de septiembre, mi verdadera historia junto a vosotras comenzó aquel 21 de octubre, el día del cumpleaños de Andrea, con esa fabulosa fiesta pijama. Y al igual que esa muchas otras: cumpleaños, aquella primera comunión, excursiones de fin de curso, tardes de invierno de ‘peli y mantita’, días de playa o piscina, subidas al pantano, frías tardes en los congeladores bancos de la plaza, y la dolorosa fiesta de despedida de Andrea. Todas ellas nos han marcado, pero las huellas son parte del camino, un camino que quiero seguir junto a vosotras.
Os quiero, mis niñas

Únicamente las estrellas y la luna actuaron como testigos de aquellas palabras que inundaron de chispitas de emoción los ojos de las cinco. Un final inmejorable para terminar un caluroso día de verano en el que las estrellas no aparecieron en el cielo de Londres porque la luz de la ciudad se encontraba en España.

2 comentarios:

  1. tu te reflejas en algun personaje de la historia?

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  2. No me veo reflejada directamente en ninguna, aunque sí es verdad que o al principio soy muy tímida y súper vergonzosa; por lo que en el carácter me asemejo más Andrea

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